250: La Sombra de la Duda.
El reencuentro con Mateo había dejado una marca indeleble en mi alma. Había pasado años sin saber de su existencia, años en los que había construido una vida, una familia, un legado. Y de repente, aquel adolescente de ojos claros y cabello oscuro había irrumpido en mi mundo como un recordatorio de que el pasado nunca muere del todo. Pero mientras intentaba procesar la noticia, una sombra de duda comenzó a cernirse sobre mí, alimentada por los susurros de una voz interna que se negaba a callar.