La luz que se filtraba por las cortinas de mi habitación era distinta a la del penthouse. Más cálida, más dorada, como si el sol del campo se tomara su tiempo para despertar. Parpadeé varias veces, desorientada, hasta que el recuerdo de la noche anterior me golpeó con la fuerza de un oleaje.
William. El fuego. El beso.
Me llevé los dedos a los labios, como si pudiera conservar la sensación de su boca contra la mía. Pero la cama a mi lado estaba vacía, las sábanas frías, y un rayo de luz que ent