Al otro lado estaba el vestidor de William. Era una habitación en sí misma, con armarios a medida que ocupaban las cuatro paredes. Trajes colgaban en perfectas hileras, ordenados por color y estación. Zapatos alineados en estantes que brillaban como espejos. Corbatas en un expositor giratorio, gemelos en una vitrina de cristal.
Olía a él. A madera de cedro y cuero y ese aroma indefinible que lo acompañaba a todas partes. Cerré los ojos un momento, dejando que el olor me envolviera, que me trans