198: El Ataque al Penthouse.
La noche había caído sobre Manhattan como un manto de terciopelo oscuro, y yo estaba de pie junto a la ventana del penthouse, mirando las luces de la ciudad que parpadeaban como estrellas caídas en la tierra. Pero mi mente no estaba en el paisaje. Estaba en la grabación que habíamos recuperado de la oficina de Sterling, en el dispositivo de audio que William sostenía en sus manos como si fuera un talismán.
—¿Crees que esto es suficiente para destruir a Crawford? —pregunté, sin apartar la mirada