199: Más Cerca de La Paz.
El sol de la mañana se filtraba a través de las cortinas gastadas de la casa de mis padres, pintando el suelo de un dorado tenue que contrastaba con la oscuridad que aún habitaba en mi pecho. Había pasado toda la noche en vela, vigilando a los niños, escuchando cada sonido, cada crujido de la casa antigua. Pero no había dormido. No podía. Mi mente estaba en otro lugar, en la grabación que Laura había recuperado, en el plan que estábamos a punto de ejecutar.
—¿Has dormido algo? —preguntó William