175: Fiebre de Medianoche.
Fiebre de Medianoche.
El champán burbujeaba en mi sangre, caliente y efervescente, mientras las manos de William recorrían mi espalda con una urgencia que hacía que mi piel se erizara. La música del pianista llegaba amortiguada desde el otro lado de la puerta, un susurro lejano que apenas lograba penetrar el rugido de mi propio corazón.
—No puedo esperar —murmuró William contra mi cuello, su aliento cálido y cargado de vino—. Te he deseado toda la noche, Helena. Cada vez que reías, cada vez que