174: El Postre en Llamas.
La tarde se había deslizado entre nosotras como un río de silencio y preguntas sin respuesta. Después de la revelación sobre Eduardo Montiel, después de la carta falsa y las verdades a medias, el penthouse se había vuelto una prisión de paredes invisibles. Cada rincón guardaba un secreto, cada sombra escondía una mentira.
William había pasado las últimas horas encerrado en su estudio, y yo en la habitación, mirando el techo y sintiendo el peso de todo lo que sabía y no podía decir. Pero cuando