La noticia de que Isabel había sido la mujer de la ventana cayó sobre nosotros como una losa de granito, aplastando la frágil esperanza que habíamos construido en los últimos días. No era Samuel. No era un nuevo enemigo. Era la misma mujer que había fingido su muerte, que había golpeado a William, que había intentado destruir nuestra relación. La misma que nos había tendido la mano en Miami, que había prometido cambiar, que había jurado que quería recuperar a su hija. Y ahora, había vuelto a tr