Los días siguientes al encuentro con Isabel fueron extraños. No porque algo hubiera cambiado, sino porque todo parecía haberse detenido, como si el mundo entero contuviera la respiración a la espera de algo que no terminaba de llegar. William se esforzaba por recuperar su vida: se levantaba temprano, leía los periódicos, atendía las llamadas de sus abogados, incluso intentó trabajar desde casa, revisando los informes que Jackson le traía de la oficina. Pero había algo en él que no encajaba, una