Los primeros días después del regreso de William fueron una calma tensa, como la superficie de un lago que esconde corrientes mortales bajo su aparente tranquilidad. William se despertaba cada mañana con la esperanza de que algo hubiera vuelto, de que algún recuerdo se hubiera instalado en su mente durante la noche como un ladrón silencioso. Pero cada amanecer traía consigo el mismo vacío, la misma sensación de haber perdido algo irrecuperable, la misma necesidad de aferrarse a mí como si yo fu