Los días en el hospital se volvieron monótonos y eternos, como un viaje en tren a través de un paisaje gris que nunca cambiaba. William se levantaba cada mañana con la esperanza de que algo hubiera vuelto, de que algún recuerdo se hubiera instalado en su mente durante la noche como un ladrón silencioso. Pero cada amanecer traía consigo el mismo vacío, la misma sensación de haber perdido algo irrecuperable, la misma voz de Isabel a su lado, susurrándole mentiras con la dulzura de quien ha tenido