Capitulo 82
—¡Sal de mi habitación! —le grité a Adrián, con el corazón en la garganta—. ¡Fuera de mi manada! ¡No tienes derecho!
Él no se movió. Solo me miraba con esa sonrisa sucia y esa mirada morbosa, como si todo le pareciera un juego.
—Te equivocas, Luna o Alfa Mía —dijo en voz baja como depredador —. Tengo todos los derechos. Pronto serás mía. Y tú lo sabes.
—No lo seré. Jamás —respondi temblando —. No me importa tu rango, ni tus alianzas, ni tus amenazas. Yo no pertenezco a nadie. Y much