Capítulo 59
Un dolor agudo me atravesó la costilla, Sentí que me arrancaban el aire, que la piel se me abría en dos. La miré incrédula ¿De verdad Rebeca había llegado tan lejos?
—Déjame —la empujé, pero giró la daga antes de apartarla, hundiéndola con más fuerza, haciéndome más daño.
Caí al suelo, sujetando mi herida. La sangre corría entre mis dedos, y mi cuerpo temblaba mientras el frío me cubría la piel.
Rebeca levantó el cuchillo y lo lamió. La sonrisa maliciosa en su rostro me hizo temblar