Luis miraba fijamente a Luna mientras avanzaba hacia ella, paso a paso.
La prótesis de plata le daba un aire aún más imponente y feroz. Era como si su presencia fuera más pesada, más difícil de ignorar.
Luna, asustada, retrocedió instintivamente varios pasos.
—¿No te ibas al Medio Oriente? —dijo, intentando disimular el miedo.
Luis echó un vistazo rápido a la habitación, pero no encontró a la persona que esperaba. Su cara se ensombreció al instante.
Luna lo miró, tensa, como si estuviera lista p