Mundo ficciónIniciar sesiónLas campanas de cacería seguían sonando cuando regresamos a Ravenmoor.
Una.
Dos.
Tres.
Cada golpe parecía llegar desde un territorio distinto.
No era una alarma.
Era peor.
Una confirmación.
Alguien, en alguna sala segura, estaba colocando un sello debajo de nuestros nombres y sintiéndose responsable por ello.
—Veintitrés —dijo Bram.
—¿Qué?
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