—¿Como compañero? —preguntó Vesper—. ¿O como prisionero?
El silencio atravesó el lago.
Dentro del reflejo, Kael permanecía arrodillado frente a la corona derretida. Una mano descansaba sobre su pecho, justo en el lugar donde la ausencia del lobo empezaba a consumirlo.
La sombra de Darius se elevaba detrás.
Más alta.
Más sólida.
Esperaba su respuesta.
Yo también.
—Como compañero —dijo Kael.
Vesper no se movió.
La grieta dorada sobre su cuerpo continuó brillando.
—¿Y cuando no esté de acuerdo con