Mundo ficciónIniciar sesiónLa oscuridad en Blackthorn Manor no era ausencia de luz.
Era presencia.
Se pegó a las paredes, bajó por los retratos y rodeó nuestros pies como agua negra. Bram sacó una daga. Mirella sacó una vela, tres amuletos y, por razones que no tuve tiempo de cuestionar, una galleta.
—¿Para qué es eso? —susurré.
—No lo sé. Me dio seguridad.
Pip gruñó hacia la pared.
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