—¡Oh! —exclamó Nolan al ver a Violeta sentada en su sillón, ella sacó rápidamente la mano debajo de su falda y lo miró por el rabillo del ojo.
—Lo siento, lo siento. —dijo, mientras se levantaba del sillón. Me entretuve leyendo.
—¿Qué hace aquí y dónde está mi hija? —ella lo observó con estupor.
—¿La niña? —preguntó aún aturdida por las sensaciones que envolvía su cuerpo. Nolan se aproximó a ella arrebatando el libro que Violeta sostenía en la mano.
—¿Qué rayos le pasa? ¿Le estoy pregunt