—Señorita Johnson, bienvenida —dijo Paola, una vez que las puertas del elevador se abrieron ante mí.
—Gracias —le sonreí, caminando hacia mi oficina.
Una vez sola, volví a mi rutina encerrada, organizando las citas del señor Norton; reuniones juntas, calendario y demás, eso era al menos hasta que el patán ese me llamara para cualquier cosa.
Estaba un poco irritada porque al despertar, él plantó una vez más el muro de hierro entre nosotros, así que yo también lo pondría, por lo que el resto del