—Oh, mierda —automáticamente oculte mis pechos con mis brazos, no me había percatado de que llevaba puesto las cositas especiales para los pezones.
Maldición, ahora entiendo por qué el portero me miró extrañado y todo porque llevaba una camisa blanca, ¡sin sostén!
—Sara —se carcajeó mi amiga antes de devolverme el sostén, lo metí en mi cartera—. S-se te había o-olvidad… —hablaba sin parar de reír, me coloqué mega roja y sólo me subí al taxi.
Estela se despedía con la mano aún riendo un poco, yo