Llevé las manos a mis pechos para taparlos, estaba completamente avergonzada.
No demoró que yo sintiera el calor subir por mi cuello hasta mis mejillas, estaba completamente roja y era de entender, es que mi jefe, precisamente ese hombre, me había visto sin sostén.
—Yo, no e-estoy buscando nada —cerré mis ojos, dándole la espalda.
No sé por qué me atacaba el nerviosismo justo ahora, me sentía trastornada y temía que fuera por el hombre detrás de mí.
El señor Norton no habló y lo agradecí, l