En cuanto llegué a casa de mis padres esa noche, inmediatamente sentí cómo desaparecía algo de mi tensión.
Entré en la cocina, el olor de la comida que mi madre estaba cocinando me abordó, y escuché la conversación alegre y las risas de mis padres desde la sala de estar.
—Harvey —canturreó mi madre mientras entraba en el salón. Me incliné y le di un beso en la mejilla, dejando que intentara arreglar mi alborotado pelo—. Este pelo tuyo —dijo cariñosamente—. Sigue tan
rebelde como cuando eras peq