Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl sol del amanecer despuntaba sobre la bahía, tiñendo el agua de destellos dorados y anaranjados. La brisa matutina traía consigo el frescor del océano y el crujido suave de las olas al romper contra los cimientos de piedra de la casa del puerto.
Mia estaba de pie junto a la balaustrada de la terraza, vistiendo una bata de seda blanca que ondeaba ligeramente con el viento. Sostenía una taza de café entre las manos, contemplando el vuelo de las gaviotas sobre el mar. A sus espaldas, la






