Sara observaba a su pequeña niña mientras su padre jugaba con ella, sin darse cuenta, llevó su mano a su abdomen, lo acarició un más de veces.
—¿Tú también? —con rapidez se dio la vuelta para observar al hombre que estaba de brazos cruzados en la puerta del patio del palacio.
—Rafit, ¿Qué haces aquí? —él sonríe acercándose a ella.
—Vengo a que me digas donde está mi esposa.
—Ya te dije que no sé donde está, no sé por qué crees que lo sabría, si no lo recuerda, ella me odia —Rafit sonrió y s