Alan observaba a su hermano Rafir, el hermano del medio, sonreía, apretando a su lado a aquella mujer que siempre deseo, pero que no podía tener, porque como siempre, su hermano mayor, tomaba lo que era de él.
—Que bueno volver a verte, querido hermano —dijo Rafir, con una sonrisa macabra en el rostro.
—Deja de decir estupideces, sabes que lo que menos te alegra es verme, dime algo, ¿por qué te gusta recoger mis sobras —Rafir y Sarif gruñeron con fuerza, haciéndolo reír.
—¡¡Eres un cretino