Mundo de ficçãoIniciar sessãoELIZABETH REED
No sabía si me estaba autoengañando, pero la incertidumbre me carcomía. De pronto escuché el portón abriéndose y un auto acercándose. Acomodé todos los papeles, ansiosa por regresarlos a su lugar, cuando uno escapó de mis manos. Al levantarlo me di cuenta de que era una factura de una cuenta bancaria en Suiza. El depósito era elevado y estaba a nombre de Estela. Me revolvió el estómago, ¿era el pago que Finn estaba recibi







