RAVEN
A pesar de que sentía que iba a desfallecer en cualquier instante, cuando escuché el llanto de mi cachorro, fue como si las fuerzas volvieran a mi cuerpo.
Deseaba tanto tenerlo entre mis brazos, mi pequeño mundo, mío y solo mío, como nunca había tenido nada en mi vida.
Anastasia me limpió un poco y me dio a beber de la sangre poderosa de la Sacerdotisa, que bajó por mi garganta adolorida de tanto gritar, renovando cada célula de mi cuerpo.
Eso era lo que había logrado mantener a raya a es