Tres años atrás, Habana Cuba.
Paul bajó del auto, entró al lujoso hotel, se hospedó en la suite. Mientras se preparaba para la reunión con uno de sus más poderosos clientes, fumó un habano.
Tocaron a la puerta. Él se levantó para abrir. Frente a él, dos de los guardaespaldas de El Titanic, venían acompañados de una hermosa chica pelirroja. Por su apariencia no debía alcanzar los dieciséis años.
—Este es el regalo de bienvenida del jefe. Le manda a decir que espera que la disfrute. —empujó a