Capítulo 87 —El Exorcismo del Recuerdo
Narrador:
El aire en el dormitorio se había vuelto un elemento sólido, una barrera invisible de electricidad estática que amenazaba con incinerar a quien se atreviera a cruzar. Caín no esperó una segunda invitación; no era un hombre acostumbrado a los ruegos, pero el de Aurora, cargado de un desprecio que lo hería más que cualquier estaca de madera antigua atravesando su pecho eterno, fue la chispa final. Aquella petición de ella no era una entrega amorosa,