Capítulo 121 —El latido de lo imposible
La mañana avanzaba con una pesadez extraña, de esas que se sienten en los huesos antes de que cambie el tiempo. Ernestina y Sara caminaban de regreso desde la linde del bosque, cargando cestas de mimbre donde reposaban hierbas recién cortadas, algunas raíces con restos de tierra húmeda y un puñado de hongos que habían encontrado bajo la sombra de los robles. Ernestina guiaba la recolección con la seguridad de quien conoce los secretos de la tierra, mientra