La habitación era blanca. Fria. Sin ventanas. Solo un colchón en el suelo, una cámara que parpadeaba en la esquina y una soledad que parecía masticarle el alma. Bonnie llevaba días allí. O semanas. Tal vez más. Había perdido la noción del tiempo entre el silencio, el hambre y el miedo.
Pensaba en Gabriele. En su cuerpo cálido, su respiración grave al dormir, sus manos recorriéndole la piel como si pudiera protegerla de todo. Pero ahora, todo era frío. Todo era distante.
La puerta se abrió con