¡El Alfa Raymond rugió!
Su cuerpo ardía de rabia, de fuerza contenida. Sus ojos verdes brillaban con un fulgor salvaje, mientras el aire a su alrededor se estremecía con su energía.
Frente a él… ¡Malahia! Transformada. Esa loba de pelaje marrón oscuro, de mirada roja como brasas, lo miraba desafiante, rugiendo con odio puro.
El viento soplaba fuerte. Las hojas volaban. La tensión podía cortarse en el aire como una cuchilla invisible.
—¡Traidora! —gruñó Raymond, su voz grave, llena de