—¡GRAAAAH! —rugió la loba blanca, lanzándose sobre el lobo marrón.
Pero él la frenó de inmediato, derrapando con las patas, y con un movimiento brusco la desvió hacia un costado.
Truenos comenzaron a retumbar en lo alto. Relámpagos iluminaban el cielo, haciendo brillar el agua en los lomos de ambos.
El lobo marrón se detuvo y habló con voz grave:
—Es suficiente por hoy.
Se sacudió la lluvia que ya empapaba su pelaje.
—Has mejorado tu agilidad —añadió con firmeza—. Aprendiste a reconocer