Capítulo 63: Ayuda a mi hermana.
El Beta respiraba con fuerza, con el ceño fruncido. Caminaba de un lado a otro frente al escritorio del Alfa, con los puños cerrados.
—¡Alfa! —soltó de golpe—. Ella es mi hermana, mi familia de sangre. No puedo quedarme tranquilo mientras Malahia está desaparecida en quién sabe qué agujero del maldito mundo.
El Alfa lo siguió con la mirada, sin moverse, como un depredador que observa desde lo alto. Sus dedos largos rozaban el borde del pergamino, pero su expresión permanecía fría, inmutabl