Capítulo 58: La Luna de la manada.

La gran sala del consejo permanecía en silencio. Ese silencio denso, pesado, lleno de respiraciones contenidas y miradas de duda.

Los lobos presentes se movieron inquietos en sus sillas de respaldo alto. Algunos fruncieron el ceño. Otros intercambiaban miradas rápidas, apenas disimuladas. El aroma de confusión se mezclaba con la tensión del aire.

El Rey Alfa seguía ahí, de pie, con la espalda recta, los hombros amplios y firmes, su postura dominante. Ese macho imponía respeto con solo existir. Sus ojos verdes helados repasaban uno a uno a los representantes de la manada.

Nadie se atrevía a hablar primero.

Hasta que un anciano gruñó levemente, carraspeó y dijo con voz grave:

—¿Una loba lunar… como Reina?

Un murmullo corrió por la mesa.

Ayseli apretó sus manos sobre la tela del vestido rojo, con su corazón latiendo aceleradamente.

El Alfa Raymond no se movió. Solo su mandíbula se tensó. Su pecho subía y bajaba con calma contenida. Y entonces, con un paso firme, se adelantó, dej
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