Ella se llevó una mano a la frente, presionando con fuerza.
—Eres un extremista desquiciado… —murmuró Ayseli.
Él se acercó un paso, sus ojos verdes encendidos con una luz altiva.
—Sé que tu don no es solo para matar. Puedes usarlo de más de una manera. Quizá es otra de las sorpresas con las que vienes incluida… y que has ocultado muy bien de mí, por eso, quisiera verlo por mí mismo.
Ella lo miró con incredulidad.
—¡No sé de qué hablas! ¡Podría matarte!
El Alfa rugió bajo.
—¡Entonces