CLANK~
El portón de la laguna se abrió y entraron tres omegas.
Caminaron en silencio, con la cabeza gacha, una de ellas llevaba paños blancos doblados sobre los brazos, otra una bandeja con botellas y frascos, y la última cargaba un juego de ropas limpias.
—Mi señora Luna —dijo la primera con voz baja, inclinando la cabeza—. Permítanos asistirla.
Ayseli no contestó, solo las miró con desconfianza. Pero su cuerpo estaba demasiado débil para oponerse.
Las omegas se acercaron.
Una la a