Capítulo 28
Iris cayó de rodillas ante los ancianos, su rostro cubierto de lágrimas, su orgullo hecho trizas.
—¡Por favor! —suplicó sintio que su mundo se derrumbaba —. ¡El Alfa quiere deshacerse de mí! Me ha puesto una trampa.
Sus manos temblaban, su corazón latía rápidamente, tenía miedo del futuro incierto que le esperaba.
Los ancianos la miraron con frialdad, su desprecio por la loba era notorio.
Vicente, de pie frente a ella, sonrió con fría satisfacción.
Gira para fingirse víctima frente