Capítulo 34— El destino de las hijas de la luna.
Cuando salió de la habitación, Draven y Alaric se colocaron a su lado de manera natural. Teo se quedó un instante más en la puerta, mirando a Kariane antes de obligarse a seguir al grupo.
El murmullo se extendió por los pasillos a medida que avanzaban hacia la sala del consejo. Guerreros, curanderas, ancianos y jóvenes se apartaban a su paso, algunos con reverencia, otros con curiosidad, unos pocos con temor.
—Es ella… —La loba de la medianoche… —La de la profecía… —Regresó al valle…
Lyra escuc