Lara los condujo valle adentro con paso firme, como si el mundo entero estuviera cayéndose pero la casa de su familia siguiera siendo el único lugar donde las cosas podían mantenerse de pie. A medida que avanzaban, la estructura central del valle se alzó frente a ellos: una gran casa de piedra gris, madera oscura y balcones bajos llenos de plantas resistentes al frío. No era un palacio, pero imponía respeto; era el corazón de la manada, el lugar donde se tomaban decisiones, se curaban heridas y