El viaje comenzó en silencio. Los motores de los vehículos retumbaron contra las montañas, y el sonido de las ruedas sobre la tierra helada se mezclaba con los rugidos lejanos del viento. El valle quedaba atrás, y con él, la sensación de seguridad que las cuatro lobas apenas habían empezado a conocer.
Lyra miró por la ventanilla, observando cómo el bosque se abría paso entre la neblina. Las ramas de los pinos se mecían suavemente, pero había algo en ese movimiento que no era natural. Era como si