El camino hacia la manada del norte se extendió como una línea infinita entre montañas azules y bosques que olían a hielo viejo. El sol ya estaba cayendo, bañando la tierra con un brillo ámbar que hacía que todo pareciera más grande, más antiguo… más vigilante.
Lyra viajaba en silencio. No por miedo, sino por la inquietud que le oprimía el pecho desde que habían salido del valle del norte. Las criaturas seguían avanzando a la distancia, moviéndose como sombras retorcidas entre los árboles, siemp