El amanecer encontró a Artheon inquieto.
La luna se había retirado, pero aún parecía observar desde su reino lejano, dejando un rastro plateado sobre la arena como si se resistiera a marcharse. El oasis, que horas antes había sido escenario de celebración, ahora se veía silencioso, casi solemne. Las sombras parecían más largas, los sonidos más agudos, los olores más intensos.
Algo había cambiado.
Y todos lo sabían.
Lyra caminaba entre Alaric y Draven hacia el salón del consejo. Su capa oscura c