Artheon entero parecía contener el aliento cuando Lyra, los príncipes y el rey abandonaron el salón del consejo. La declaración había sido hecha. La profecía estaba viva. La guerra había despertado. Y la cruzada por las hijas de los dioses… acababa de iniciar.
Pero el mundo exterior no lo sabía aún.
Solo los alfas.
Y el enemigo.
El enemigo siempre escucha primero.
Los guardias —equipados con chalecos tácticos negros y radios sujetos al cuello— escoltaron al trío por el corredor principal del pa