OBSEQUIOS

Ya no hablamos, las damas nobles se concentran en apreciar la majestuosidad de la sala y elogiar a la Reina por ello. Yo me pongo a jugar con la falda de mi vestido cómo si se me fuera la vida en ello. Pocos minutos más tarde, un aplauso colectivo me hace alzar la vista. La sala se ha vuelto a llenar y todos miran entrar a Gian con un portafolio gris en una mano y uno negro en la otra, dos criados lo siguen.

Sus verdes ojos hostiles me buscan y cuando ve que también lo estoy mirando,

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