Giro el rostro y lo veo. Está recostado contra la puerta, mirándome como siempre: sin sonreír y sin pizca de humor. Por un eterno segundo sólo nos miramos fijamente, después Gian asiente y todos en la habitación se inclinan en una profunda reverencia.
Frunzo la boca y cruzo los brazos sobre el pecho. Los miembros de la familia real jamás han pisado el edificio de entrenamiento. Sobra decir que estoy sorprendida e intrigada por la repentina presencia del heredero al trono.
—Salgan.
La orden es