58. El deseo de una madre
Está algo decaída cuando llega a la sala de la mansión por la conversación de Martín. Se habían vuelto amigos después de que él le había confesado que estaba enamorado de ella.
“—Martin —había comenzado Clara cuando oyó su confesión hace muchos años atrás—, Dios Mío.
—Es que no podía aguantar más, Clara —Martin le tomó de las manos. Y una Clara petrificada lo veía sin creerlo—, nunca te he pedido algo a cambio porque todo lo que hecho lo he hecho porque necesitas ayuda, pero nunca comprendí por