14. Perdiendo la cordura
Clara tiene que bajarse del auto cuando el guardia frena de golpe.
—¡Señora! —grita el guardia.
Pero Clara coloca su cuerpo en la cera mientras se lleva la mano hacia la frente, abrumada por la noticia que es peor que una bomba directo hacia su cuerpo.
—¿Nuestra casa…? La evidencia, Martin —tartamudea Clara—. No. Esto no puede ser cierto. Esto no puede ser cierto, Martin. Si es así —la mirada de Lucas, desafiandola, la congela—, estamos perdidos.
—La casa está hecha cenizas. Los bomberos están