La temperatura de por sí helada del hospital, bajó mucho más ante la imponencia de los dos hombres enamorados, los dos la amaban con todo su corazón, pero solo a uno le pertenecía, aún así el perdedor quería estar cerca de la mujer, no esperaba nada, solo quería estar y ya
¿Me estás amenazando, Alessandro?
No, te estoy diciendo que todavía conservo las ganas de matarte con mis propias manos, que no me olvidó de que me robaste a mi mujer por unos años y que no pienso dejar que estés cerca de ella