Capítulo 58. Me las vas a pagar, Ivankov.
Dominic
El silencio entre nosotros se hizo espeso.
Y entonces ocurrió.
Me lancé hacia ella. Como una fiera. Como un demonio que se consume en su propio infierno y, hice una seña a Andru para que nos dejara solos y este salió de inmediato sin preguntar nada.
La acorralé contra la pared, aprisionando su cuerpo entre el mío y el mármol helado.
Ella jadeó, sorprendida. Pero no me empujó. No me golpeó.
Nos quedamos así, respirando el veneno del otro.
Mi frente se apoyó contra la suya. Mi voz fue un